Cuando les conté esta historia a mis amigos, unos creyeron que me estaba mofando, otros, simplemente, se limitaron a asentir meditando en aquel fenómeno, otro pensó que esto podía ser obra de algún mal demonio y otro que así suelen ser los eventos de la naturaleza, tan sorprendentes que uno pensaría que nunca podrían ocurrir. El hecho es que a mi hija de dos años le habían detectado un extraño fenómeno. Un parásito que debía de ser extirpado. Irene apenas cumplía un añito y estaba ya queriendo dar sus primeros pasos, pataditas de marcha, intentos por levantarse, sentones, gateo. Era de verla ahí, con su sonajero, con su vestidito rosa, con sus rulitos en la cabeza, ¡qué sonrisa tan hermosa! Sin embargo fue mi mujer la que descubrió algo poco usual. ¿No te parece que está muy barrigona?, preguntó y no le di importancia, comía bien, pensaba. La alimentamos bien, respondí. Tres meses después, aquella barriguita seguía creciendo. Ya no era el buen alimento. Qui...