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Mostrando entradas de abril, 2017

HUMAREDAS por Ricardo J. Benítez

Ricardo Juan Benítez. Nace un 28 de noviembre de 1956, en el barrio porteño de Caballito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina), su actual lugar de residencia. Luego de un prolongado paréntesis, retoma su pasión por la escritura a mediados del año 2004.

Colabora asiduamente con: ALMIAR Margen Cero (España), Alma de Luciérnaga (Israel), Resonancias Org. (franco-argentina), Herederos del Caos (USA), Azul Arte (Inglaterra) y Uchronicles de Giampietro Stocco (Italia). Así también tiene publicaciones en revistas digitales (Hotel Tomás, Los discípulos, Axxón, El Fausto, MiNatura).

http://elblogdelescarabajo.blogspot.com.ar/ http://espanol.agonia.net/index.php http://cuentosyotrasficcionesricardojbenitez.blogspot.com/






Humaredas
Dios no juega a los dados” (Albert Einstein)
Un probable destino es tan irracional como el supuesto azar. Entonces la pretendida existencia de uno, no debería negar la presencia del otro. De hecho, si el tiempo fluye desde algún pasado hacia el hipotético pres…

EL REGALO/David Rubio Sánchez

http://relatosensutinta.blogspot.com.es




Apaño las flores del centro de mesa y doy un paso atrás para contemplar la decoración. Estoy satisfecho. El mantel, en perfecta combinación con las velas y los pétalos de rosa; los cubiertos de plata, bien alineados junto a los platos de porcelana y las copas. Todo está en su sitio. Sin duda, ella se sorprenderá cuando compruebe hasta qué punto he cambiado.   Miro el reloj de pared. Ya debe haber recibido mi regalo.
  Y pronto volverá a cenar en casa, otra vez.
  Me dirijo a la cocina. Compruebo que el secreto ibérico ya está en su punto y apago el horno. De primero, cenaremos mousse de foie y una ensalada de vieiras con frutas. Pero eso será después, primero brindaremos con champán y tomaremos fresas rellenas de gelatina de menta. Será mi manera de decirle que estoy dispuesto a darle, a partir de ahora, todos los matices con los que ella quiere pintar su vida.
  No, no puedo recriminarle que me dejara. Me lo merecía. Permití que la rutina y la apatí…