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Entradas

¿ES? Óscar Lamela Méndez

OTOÑO/Lola O. Rubio

Las hojas de los árboles a mi paso, de color ocre, amarillento, verde mostaza, dorado en este frío otoño. Hojas muertas caen bajo mis pies. Forman un dibujo en el suelo, en la gran avenida. Mis piernas cansadas juguetean, las apartan del camino.

Este hombre de sienes plateadas, de tez aceituna, de ojos tristes y cansados, luchador en más de cien batallas, gallo de pelea ...en más de un corral ajeno, ahora se encuentra en una encrucijada del camino, del peregrinar que es la vida.

Enciendo un cigarrillo, pensativo. Me recuerdan otras calles en otra ciudad. El devenir de los transeúntes, otros rostros diferentes. Lo único que nos une es el idioma. Aquí me encuentro en esta bella ciudad, con su historia antigua, sus edificios, sus monumentos, sus museos, sus estatuas. Las luces de neón, los coches a gran velocidad, las risas procedentes de parejas en cualquier restaurante. La noche nunca duerme, tan diferente a Colombia.

Lo más importante es que aquí está ella. Esa mujer que para mí es t…
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NIÑOS DE NADIE/ Marta Navarro

Elmer Mendoza nació un día de invierno frío y lluvioso. Nadie recuerda con exactitud la fecha pero sí el frío y la lluvia, inmisericorde y torrencial, que por aquel tiempo cayó durante días. Y la niebla. Una niebla espesa que llegó de golpe a la ciudad borrando todas las cosas. Tal vez fuera enero. Tal vez no. Nunca a causa de semejante olvido ha celebrado su cumpleaños. Nunca ha tenido regalos, tartas, ni velas a las que infantiles deseos soplar.
Aquel invierno, el invierno de doce o quizá trece años atrás en que Elmer vino al mundo, habían vendido sus padres la poca tierra que en su aldea natal tenían y, esperanzados como nunca estuvieron, como ya nunca volverían a estarlo, a pesar de la multitud de miedos e incertidumbres que, inclementes, sobre ellos se cernían, habían marchado a la capital en busca de un futuro más próspero para el hijo que en camino venía. Pero sabido es que nunca tuvo compasión con los pobres el destino y sólo un terreno en un suburbio de la periferia, más allá…

LA COLINA DE LOS MUERTOS/Gemma Minguillón

Me llamo Gemma Minguillón y soy barcelonesa. Comencé a escribir a los trece años, edad en la que empecé a aficionarme realmente a la lectura con los clásicos alemanes. La fiebre por leer clásicos y menos clásicos me llevó a querer escribir mi propio libro, con resultados desastrosos, pero fue una primera toma de contacto con mi fantasía, un folio y un bolígrafo. No paré desde entonces de redactar y escribir cuentos, y a los dieciocho me ofrecieron colaborar como guionista en un programa de radio.

La primera vez que me puse a escribir en serio fue hace unos diez años. Escribí una trilogía titulada “T’estimaré fins que em mori” (Te amaré hasta que me muera).

Pero lo que realmente me gustaba leer era literatura de misterio, de modo que terminé por animarme y creé mi propio detective, Baldo Sanmartín (el detective del Vallés Oriental), que protagonizó dos casos que compartí en mi blog literario: La dama blanca y Corazón de reina. A raíz de ello, la compañía de teatro “Els arreplegats” (l…

DE MUDANZA/Rosa Berros Canuria

De mudanza
He tenido que mudarme. Nuestra casa, la que habitamos juntos estos pocos años, se me ha vuelto hostil. Demasiados espectros por todos los rincones. Demasiadas voces saliendo de todos los objetos. El atril que utilizabas para leer mientras me liabas los cigarrillos por la noche; la taza, tu taza, en la única que consentías tomar el café de la mañana o el té de la tarde; el estudio con tus libros y cuadernos, las plumas y los lápices que siempre tenía que afilarte porque a ti se te olvidaba y renegabas si no encontrabas a mano un afilado puñal de grafito con el que ir desgranando los pensamientos que cada página de cada libro te iba sugiriendo, o adornando los márgenes con esos pajarillos delicados que dibujabas mientras reflexionabas en lo leído.



Escalera. Edward Hopper 1919

Se me hizo insoportable. Bajé las escaleras y, cuando ya se vislumbraba la calle desde el último tramo, sentí que mi espíritu se esponjaba, que la pena se hacía más leve y los fantasmas quedaban atrás. Ahora…

LA VENTANA INDISCRETA/El baile del Norte

http//.www.elbailedenorte.com/es

Dio un nuevo sorbo a la descomunal jarra de cerveza que le habían servido y se revolvió inquieto en la silla, valorando la posibilidad de levantarse y continuar su paseo o quedarse un rato más, fisgoneando en las vidas ajenas. Finalmente Norte decidió seguir observando a la gente que pasaba por delante de la terraza de la cafetería situada en Staroměstské náměstí y así darse un tiempo extra que le permitiera acabar airoso la cerveza.



Se arrellanó en la cómoda silla de paja y se dispuso a dejar transcurrir el tiempo. A su izquierda, en la línea de mesas inmediatamente anterior a la suya y parapetado tras el seto que separaba la zona de la terraza de la plaza, un joven fotografiaba a los viandantes ayudado por el potente teleobjetivo de su cámara.
Norte sonrió al pensar que la situación le recordaba a la película “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock, aunque en este caso ¿quién sería James Stewart?, ¿el fotógrafo o él?
Obs…

LA LEYENDA DE "EL MIRÓN" María Magdalena Gabetta

Al atardecer, cuando las sombras alternan con el sol, es como si el viento al mover los altos cipreses, formara figuras de espanto deslizándose sigilosas entre ángey dolorosas vírgenes de piedra.
Los pasos apresurados de los últimos visitantes replegándose hacia la salida, temerosos de que las sombras se agiganten y los atrapen definitivamente en el cementerio, cortan el silencio. La risa juguetona de algún chiquillo que ajusta su paso al de su madre alejándose del lugar, el canto de algún pájaro que a medida que todo se aquieta se transforma en el saludo quejumbroso de un búho y luego, la noche, la noche y él.
En esa hora intermedia entre el día y la noche, su presencia comienza a prevalecer. Permanece de cuclillas sobre alguna tumba y apenas se vislumbra entre el movimiento suave de las sombras. Es el dueño del lugar, el innombrable, aunque algunos lo han apodado “El Mirón”, porque dicen que aquél sobre quien clava su mirada será el próximo poblador del camposanto.

Las viudas le temen,…

MISIVA A SAN PETERSBURGO

Praga, 27 de mayo de 1914 “Mi muy querido amigo: Hace ya tres largos años que has estado en nuestra casa y no se te deja de extrañar. A estas horas estoy sólo en mi cuarto, pensando si tal vez mi padre querrá jugar una partida de Karten, a lo cual ya nos hemos acostumbrado. Me pregunto si el tiempo será inclemente en esas lejanas tierras y si ya has hecho alguna amistad. Por lo que me dices, pese a que tus negocios han prosperado, te sientes un extraño en tierra de extraños. Tal vez, querido amigo, fuera preferible que resignaras algo de tu ambición para tener aquellas cosas realmente importantes de la vida: afectos genuinos y cercanos. Por mi parte, te tengo reservada una sorpresa que espero te resulte grata, estoy por comprometerme con una joven de familia acomodada, que se afincó en nuestro barrio al poco tiempo de tú partida. ¿No sería, tal vez, esta ocasión propicia a arrojar por la borda todos tus intereses materiales, y tener tu grata presencia en nuestra ceremonia de compromiso?

LA FIESTA / Eva Loureiro Vilarelhe

Extendí la sombra de ojos con pericia, harta de hacerlo con las demás a estas alturas podría pintármelos con los dos cerrados, y no apenas uno para confirmar que el gris perla de mis párpados combina a la perfección con el tono asalmonado de mi conjunto. ¿Vestirme de verano yo en pleno invierno? ¡Ni loca! La falda de tablas de tejido aterciopelado hasta media pierna es bien calentita para las bajas temperaturas que me esperan afuera, y el jersey de angora oversize de idéntico color es de una suavidad pasmosa. El abrigo fino negro y las sandalias serán mi única concesión incoherente con la estación del año en la que estamos, por aquello de que Sara y Mónica no me miren raro si aparezco con mis gastadas botas militares y mi grueso chaquetón de borreguillo.
Sí, mis amigas irán de vestidito de tirantes tiritando, procurando disimular el castañeteo de sus dientes llevándose su bebida a la boca. En conclusión, ellas estarán borrachas mucho antes del amanecer, y yo me aburriré como una ostra …