El momento que antecede al atardecer cubrió el hospital de un clima frío. –¿Hola? Lamento llegar tarde. Sí, me moje un poco, pero te aseguro que no me enfermo. ¿Esos golpes en la ventana? No es granizo, es una torrencial lluvia rebelde que está de paso… Escucha como va aminorando. ¿Cómo has estado? No me mientas. Ya me entere por la enfermera que haces tus “pucheros” a la hora de la comida. Te acuerdas que tenemos un pacto, tú te alimentas y yo, veo te den de alta. Por cierto te mandan saludo los nietos. No. No te cambio la plática, pero ya deja de hacedlas enojar, sobre todo a doña Claudia que se ha portado bien contigo. ¿Qué cómo lo sé? Mi hermana me tiene al tanto. Que te puedo platicar. El trabajo, bien. Por cierto te manda saludar mi jefe, Don Anselmo, el que te presente en la fiesta del día de la madre. No, no el de ojos azules…ese es jefe del compadre Pancho. ¡Ándale! El que usa peluquín, él chaparrón y regordete que cada vez que habla salpica saliva. ...