.../...Amaru CastelA
No hay a quien responder ni a quien alzar la mirada, se abre la puerta del entierro y solo las más depravadas acciones impregnan sus rasgos desvirtuados. Los más hondos instintos hieren al sol, la puerta se abre y el aire deja escapar la oscuridad, los gemidos, dolor retenido, consumado, ignorado. La misericordia se quedó en los girones, la compasión se deletrea en un periódico de otro siglo. El amor juega tras los vidrios del jardín de la casa olvidada, la alegría se ha ido lejos, a otros barrios. Declina el tormento y alivia la calma con dolor, con angustia. Una pequeña bestia me arrastra al centro del jardín… Tan distinta, tan lejana a todo esto, una serpiente encanta al siseo del color, excita la curvatura de oriente y enamora indiferente con deseo al amor. No me mira y son sus ojos lo que más quiero, no sabe que existo y el anhelo de poblar su piel, de recorrer su estrechez es todo lo que tengo Por fin, ya en el desvarío de tan...