LAS MARIONETAS/Ana Palacios

Hace muchos años, en un lejano lugar llamado Fantasía se utilizaba el teatro de títeres como entretenimiento y como medio de comunicación. Una vez realizados, estos originales muñecos eran guardados en un gran cobertizo y cuando la noche extendía su manto, según contaban los lugareños, los títeres cobraban vida y ejercitaban las pruebas necesarias para perfeccionar el papel que les tocaba realizar en la función. A las marionetas las ponía en movimiento un maestro titiritero y como esto ocurría en un lugar fantástico, fantástica era también la relación entre el artista y los títeres. Entre ellos existía el pacto de que solo eran exhibidos cuando estaban preparados; por tanto, era su actitud la que indicaba al maestro cuando había llegado el momento. En un lugar destacado del cobertizo colgaba un grupo de marionetas formado por tres curiosos muñecos y un terrible dragón. Pese a llevar mucho tiempo allí, no se podían exhibir, porque sus hilos siempre es...