LA COLINA DE LOS MUERTOS/Gemma Minguillón


Me llamo Gemma Minguillón y soy barcelonesa. Comencé a escribir a los trece años, edad en la que empecé a aficionarme realmente a la lectura con los clásicos alemanes. La fiebre por leer clásicos y menos clásicos me llevó a querer escribir mi propio libro, con resultados desastrosos, pero fue una primera toma de contacto con mi fantasía, un folio y un bolígrafo. No paré desde entonces de redactar y escribir cuentos, y a los dieciocho me ofrecieron colaborar como guionista en un programa de radio.

La primera vez que me puse a escribir en serio fue hace unos diez años. Escribí una trilogía titulada “T’estimaré fins que em mori” (Te amaré hasta que me muera).

Pero lo que realmente me gustaba leer era literatura de misterio, de modo que terminé por animarme y creé mi propio detective, Baldo Sanmartín (el detective del Vallés Oriental), que protagonizó dos casos que compartí en mi blog literario: La dama blanca y Corazón de reina. A raíz de ello, la compañía de teatro “Els arreplegats” (los “arrejuntados”) de Bigues y Riells me pidió si podía escribirles una obra de misterio con este detective como protagonista. Escribí “La casa de l’àncora” (La casa del ancla) que se estrenó en Sant Feliu de Codines en Septiembre de 2014, con una asistencia de más de... ¡doscientas personas! Se volvió a representar en Bigues i Riells. Empecé por esa misma época a escribir mi primer thriller, “El secreto de Amaa”, que ahora se publica con LxL Editorial. Mañana sale a la venta mi segundo thriller "La Colina de los Muertos".


SIPNOSIS

 ¨La antigua ciudad de Monjenho posee unas extrañas ruinas que han suscitado todo tipo de controversias; el paleógrafo Mario Hierro tiene sus propias teorías, que se ve apoyadas por el hallazgo de unos pergaminos milenarios. El profesor desaparece y su sobrino está dispuesto a encontrarlo. El detective Baldo Sanmartín se enfrentará en ésta ocasión a la mafia de la India, sus sicarios, los thugge, y una peligrosa mujer a la cabeza.¨


       La habitación umbría y seca había estado siempre ahí, a través del tiempo, del espacio, sola y feliz. En su soledad, era capaz de imaginar el mundo afuera tal y como le placiese, con las formas y las dimensiones perfectas, con las sensaciones, los sabores y los tonos exactos. Ficticios, programados, se ajustaban a su ideal, y podía continuar ahí, día tras día, silente y reposada, con los ojos cerrados. Los muebles siempre en el mismo lugar, sin apenas acumular polvo. Las muñecas, los libros, con la vida por dentro y una tranquila expresión mostrada en su aspecto indeleble, intemporal.
 
       Y un día sucedió.
 
       Una pequeña piedra arrojada, seguramente, por la mano de un chiquillo trun cristal negro de la ventana. Y por aquel marco cuadrado, pequeño y bien barnizado, entró un ángel. Era como un rayo de luz blanca, pura y limpia. Si se miraba su interior, podían verse millares de pequeñas motas de polvo que saltaban y bailaban sin parar y, escuchando con atención, se las podía oir riendo, cantando. El cuarto, confuso y sorprendido, se asustó primero, pero luego no pudo hacer más que echarse a reir y abandonarse. Y el ángel lo inundó con su luz transparente, tocando todos y cada uno de los rincones, los muebles, las muñecas, los libros. Toda la estancia se llenó de colores, que ya no eran los que aquel haz luminoso reflejaba al ser atravesado por el sol, sino los propios colores de la habitación , recién descubiertos, revelados en todo su esplendor. Y el ángel se entretuvo en hacerlos brillar y resplandecer uno por uno, para que el cuarto supiera que los tenía y que podía presumir de ellos. Y ya nunca volvió a ser un cuarto oscuro.