UN REVUELTO METAFÓRICO


Teleoperadora, escritora, locutora, figurante, azafata y modelo. 

Licenciada en Periodismo por la Universidad de Valencia, ha trabajado en Radio Nacional de España (RNE). También ha estudiado Locución y Presentación de Programas de Televisión en el Instituto de RTVE.








Si quieres escucharme...


Y si quieres leerme...

La vida no es una serie ni las series son la vida. Sin embargo, a veces, sí consiguen aproximarse a través de personajes que -principales o secundarios, simples o complejos- experimentan emociones similares a las nuestras. Más allá de sus escenarios y sus contextos -creíbles o increíbles- lanzan mensajes con trasfondo. Por ejemplo, aquél que escuché el otro día en la serie ‘Outlander’ y que dice así: “Una historia contada es una vida vivida”. Bonito, ¿verdad?
Por eso -porque narrar es vivir-, este blog se ha convertido en mi canal de comunicación favorito. En él soy una libre emisora y creadora de contenidos literarios llenos de verdad. Sentimientos, deseos, sueños, reflexiones…
“No sabes filtrar la información” -me han llegado a decir en alguna ocasión-. ¿Pero y si no quiero? ¿Por qué no puedo dar nombre a realidades que no lo tienen? ‘Filtrar’ es no ser del todo uno mismo. Y sinceramente… yo no quiero parecerme ni a un colador ni a un embudo. Quiero ser el árbol que crece hacía abajo o la carpa que nada a contracorriente. Duele… pero satisface al mismo tiempo.
También me han dicho: “Escribes bien, pero a veces eres un poquito retorcida”. Y entonces, me echo a reír porque… ¡me encanta serlo! Para mí es un regalo poder exponer conceptos que no resultan claros, retorcerlos y, a su vez, crear un revuelto de sensaciones y emociones de todo tipo. ¡Ah! Y usar metáforas. Adoro las metáforas. ‘Metaforear’ para transmitir. Transmitir ‘metaforeando’.
¡No es fácil vivir” -me dijo una vez una buena amiga-. Y así es. Por un lado, están los muy sueltos y resueltos (que son los que no necesitan las metáforas para ‘ser’ y ‘expresar’). Por otro lado, existimos los más recatados (retorcidos y metafóricos). Enmascarados en el día a día, pero libres sobre el papel, tendemos a observar daltónicamente. Los otros son más felices, más fuertes y más decididos. Están más vivos. Vidas aparentemente encarriladas, completas y satisfactorias. Como las de algunos personajes de las series de televisión que -a pensar de sus aventuras y desventuras- son extraordinarios. Tienen poderes sobrenaturales y son especiales. Los buenos comen perdices. Los malos, caviar. Al menos durante tres cuartas partes de la temporada, sí… pero caviar.
Y ahora… la moraleja.
La vida no es una serie ni las series son la vida. Vale. Es cierto. ¡Pero estamos vivos! ¡Y somos protagonistas de nuestra propia historia! Los otros son coprotagonistas, secundarios o figurantes. Aunque tengan sus propios spin offs y en ellos sean los mejores, los más talentosos y especiales… a nosotros eso nos tiene que dar completamente igual. Ni somos todos iguales, ni aspiramos a lo mismo, ni amamos del mismo modo, ni sentimos la vida de una única manera.
La frustración es, en realidad, algo externo. Uno no siente tanta decepción con quien es, sino en la medida en que se compara con el exterior. Con lo que los demás “logran”. Y entonces -irremediablemente- el alma deja de respirar y se ahoga en la nada. Dejamos de ver a los otros como realmente son. Los ponemos en un pedestal que no les corresponde… y nos alejamos.
Alejarse es una buena estrategia si no es para escondernos. Que sirva para impulsarnos. Al principio creceremos hacia abajo y nadaremos a contracorriente pero, al final, conseguiremos cosas. No todas las que nos hemos propuesto. Sólo algunas, pero las suficientes.
Séneca decía que ‘no hay mayor causa para llorar que no poder llorar’. Yo no soy tan sabia como él pero… llorar por llorar es tontería. ¡Nademos!

LAURA BELENGUER
MADRID