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"EDGAR" /Edgardo Castillo



Con nosotros vive un gato negro. Lo encontramos en la calle, perdido, muerto de hambre. Suponemos que ya es algo mayor; su pelo tiene varias canas, no le gusta salir de casa y se la pasa la mayor parte del tiempo durmiendo. Por la mañana se levanta antes que todos y araña la puerta de la habitación de mis padres. Lo hace hasta que abren y papá baja hasta la cocina y pone algo de comida en su plato. El gato se llama Edgar, como ese viejo y famoso escritor.

Lo encontramos en la calle, debajo de un automóvil. Lo llevamos a casa. Traía puesto un collar pero ninguna identificación. Le tomamos una foto en donde no salía nada bien (es muy difícil tomarle una buena foto a un gato negro), luego salí a la calle y pegué los letreros de “encontramos gato” en postes y en tiendas y en cualquier sitio donde me lo permitieran. Pasó un mes y nadie lo reclamó. Nosotros inevitablemente nos encariñamos con él.

Si Edgar fuera una persona seguramente seríamos amigos. Tiene un carácter de esos bonachones, como de amigo jipi que un día llega a tu casa y se instala en el sofá de la sala y ya nunca más se vuelve a ir. Es callado y perezoso. Le da miedo estar solo. Cuando hay dos personas platicando, llega tranquilamente y se acuesta entre las dos y las escucha. ¿Qué historias podría contar si hablara?
No sabemos de dónde viene, pero suponemos que antes de estar con nosotros vivió con alguna viejecilla de esas que tienen la casa llena de figuras de porcelana y manteles tejidos por ella misma. De esas que cubren los muebles con plástico y que tienen la casa siempre oliendo a naftalina. Edgar no acostumbra arañar los muebles ni correr. Es amistoso cuando lo quieres abrazar y tiene mucho pudor cuando va al baño. De hecho es tan tranquilo que a veces olvidamos que con nosotros vive un gato.

Lo alimentamos la mayor parte del tiempo sólo con croquetas. Hace poco comenzamos a comprarle latas de tiras de salmón. De ahí en fuera no le gusta comer nada. Lo llevamos al veterinario siempre dentro de una jaula de plástico (la calle lo pone nervioso, tal vez recuerdo de sus historias oscuras). Aparte de eso, la vida de Edgar no tiene sobresaltos.

Me gusta mirarlo y pensar en la reencarnación. ¿Quién habrá sido en su vida pasada? ¿Qué clase de buen comportamiento tuvo que fue premiado con volver a nacer en un gato tan tranquilo? Edgar me mira y bosteza largo rato, abriendo el hocico lo más que puede. Lo veo y también bostezo. Bostezo hasta que se me escapa una lágrima. Luego enciendo el televisor.

EDGARDO CASTILLO

Buenos Aires 

ARGENTINA

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