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Mostrando entradas de enero 7, 2018

EN TU BLANCA BAHÍA/Antonio Portillo Casado

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En tu blanca bahía. (A Juan Ramón Jiménez)


Bajo el dorado amor andaluz, que con sus enamorados brazos anaranjados en este sereno despertar nos abraza, el inmenso azul en nacaradas ondas enamoradas nos besa risueño.
En su piel azul posadas, una miríada de hermosas flores nos descubren sus vitales colores y profundos perfumes. Ellas van llegando…las tiernas flores… …entre espejitos de luz y acrisolados brillos. Y van llegando las bellas flores, rosas, celindas, azucenas y gardenias; claveles, nardos, jazmines y alhelíes; violetas, caléndulas, campanillas y dalias…
Con la fresca agua marina juegan, con salinas diademas se coronan, sus sonrisas relucen entre azules, sus cabellos ondula la salada brisa.
En tu bahía y hacia Moguer, Juan Ramón. En tu blanca bahía, donde la luz habita merodeando feliz entre dunas y pinadas, entre la mar, el río y la arena; donde los azules pasean… Dulcemente te donan sus esencias, sus mágicos colores, sus suspiros, sus amores, estas bellas y delicadas flores.

LA LEYENDA DE "EL MIRÓN" María Magdalena Gabetta

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Al atardecer, cuando las sombras alternan con el sol, es como si el viento al mover los altos cipreses, formara figuras de espanto deslizándose sigilosas entre ángey dolorosas vírgenes de piedra.
Los pasos apresurados de los últimos visitantes replegándose hacia la salida, temerosos de que las sombras se agiganten y los atrapen definitivamente en el cementerio, cortan el silencio. La risa juguetona de algún chiquillo que ajusta su paso al de su madre alejándose del lugar, el canto de algún pájaro que a medida que todo se aquieta se transforma en el saludo quejumbroso de un búho y luego, la noche, la noche y él.
En esa hora intermedia entre el día y la noche, su presencia comienza a prevalecer. Permanece de cuclillas sobre alguna tumba y apenas se vislumbra entre el movimiento suave de las sombras. Es el dueño del lugar, el innombrable, aunque algunos lo han apodado “El Mirón”, porque dicen que aquél sobre quien clava su mirada será el próximo poblador del camposanto.

Las viudas le temen,…

MISIVA A SAN PETERSBURGO

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Praga, 27 de mayo de 1914 “Mi muy querido amigo: Hace ya tres largos años que has estado en nuestra casa y no se te deja de extrañar. A estas horas estoy sólo en mi cuarto, pensando si tal vez mi padre querrá jugar una partida de Karten, a lo cual ya nos hemos acostumbrado. Me pregunto si el tiempo será inclemente en esas lejanas tierras y si ya has hecho alguna amistad. Por lo que me dices, pese a que tus negocios han prosperado, te sientes un extraño en tierra de extraños. Tal vez, querido amigo, fuera preferible que resignaras algo de tu ambición para tener aquellas cosas realmente importantes de la vida: afectos genuinos y cercanos. Por mi parte, te tengo reservada una sorpresa que espero te resulte grata, estoy por comprometerme con una joven de familia acomodada, que se afincó en nuestro barrio al poco tiempo de tú partida. ¿No sería, tal vez, esta ocasión propicia a arrojar por la borda todos tus intereses materiales, y tener tu grata presencia en nuestra ceremonia de compromiso?