LOS DEMONIOS INTERIORES/Lola O. Rubio



Lágrimas negras surcan mis ajadas mejillas, el tiempo y los avatares de la vida hicieron que una vez más, quisiera huir de ese lugar maldito del que siempre  quise escapar. La realidad y la ficción se entremezclan en un desvarío... Escucho voces martilleándome la sien. Me giro, asombrada: no hay nadie, sólo vacío, siento que he tocado fondo. Corre por mis labios el licor frío de la amargura, de la desesperanza, estoy ebria para ahogar mis penas, una vez más.  Es una válvula de escape. Me digo a mi misma que será la última vez, mañana... 

El  alcohol me quema por dentro. Sigo bebiendo... hasta caer sin sentido en un sueño profundo. Visiono sombras, la muerte que me ronda, que me persigue, como un amante ocasional. No es tiempo de morir.

Tristeza, infortunio, es como una maldición: los demonios interiores brotan por salir. Irrealidad, muerte, locura, desolación, pesadillas, tinieblas que se ocultan en los recovecos de mi mente enferma. Desesperación.

Ha sido tan cruel tu abandono, sé que hablas a mi espalda,  estoy en los mentideros de las viejas del lugar. Me importa bien poco. Me hice roca ante los problemas, ante las maldiciones, ante la adversidad. Creí que eras un caballero andante en  que cobijarme en momentos de penumbra, de rabia, de una intensa depresión que va y viene como las olas del mar. Mi mar, el mar... ese mar infinito, mezcla de azules en el que quisiera adentrarme sin mirar la vista atrás.

 Soledad, vieja amiga. Eres mi acompañante fiel en mi existencia. En momentos en los que me siento morir ahí estás. Tú y yo. Siempre. 

Lola O. Rubio

Madrid - España

14/05/2.018