LOS DEMONIOS INTERIORES/Lola O. Rubio





Dedicado a  V. J. F.

Lágrimas negras surcan mis ajadas mejillas, el tiempo y los avatares de la vida hicieron que una vez más, quisiera huir de ese lugar maldito del que siempre  quise escapar. La realidad y la ficción se entremezclan en un desvarío... Escucho voces martilleándome la sien. Me giro, asombrada: no hay nadie, sólo vacío, siento que he tocado fondo. Corre por mis labios el licor frío de la amargura, de la desesperanza, estoy ebria para ahogar mis penas, una vez más.  Es una válvula de escape. Me digo a mi misma que será la última vez, mañana... 

El  alcohol me quema por dentro. Sigo bebiendo... hasta caer sin sentido en un sueño profundo. Visiono sombras, la muerte que me ronda, que me persigue, como un amante ocasional. No es tiempo de morir. Aún no.

Tristeza, infortunio, es como una maldición: los demonios interiores brotan por salir. Irrealidad, muerte, locura, desolación, pesadillas, tinieblas que se ocultan en los recovecos de mi mente enferma. Desesperación, intento autolítico, depresión profunda en los recovecos de mi ser.

Ha sido tan cruel tu abandono, sé que hablan a mi espalda,  estoy en los mentideros de las viejas del lugar. Me importa bien poco. Me hice roca ante los problemas, ante las maldiciones, ante la adversidad. Creí que eras un caballero andante en  que cobijarme en momentos de penumbra, de rabia, de una intensa depresión que va y viene como las olas del mar. Mi mar, el mar... ese mar infinito, mezcla de azules en el que quisiera adentrarme sin mirar la vista atrás. Llenarme los bolsillos de piedras para alejarme por siempre. 

Me sentí rota, vacía, sin futuro debido a tu desidia, a tu temprano abandono. Era una joven perdida cuando me encontraste, fui mera aprendiz en tus brazos, enredada en  tus besos, cada vez que me tomabas fotografías. Rompiste todos mis sueños. Todo era palabrería de un hombre adulto, como tú me dijiste "Eres de cristal", sí, lo soy pero ¿Quién recogerá los pedazos rotos? Estas lejos de mi vida, hace ya más de treinta años. Eres el fruto de mis pesadillas, de mis desvelos, de lo que pudo ser y no fue. 

 Soledad, vieja amiga. Eres mi acompañante fiel en mi existencia. En momentos en los que me siento morir ahí estás. Tú y yo. Siempre. 

Lola O. Rubio

Madrid - España

9 deAgosto. 2.018

(Reescrito)