METAMÓRFICO/ Juan Carlos Vásquez







Era un cerdo pero mutó, ahora construye su realidad desde los medios: blogs, TV, Chat, Internet, e - mail, mensajes de textos. Esa idea rompió en sus sueños, con un sobresalto entre la sudoración, ser un personaje. Antes comía del lodazal pero su expresión oral ha cambiado con otra  alimentación. De momento utiliza todas sus fuerzas para renovarse, piensa en  terminar antes del verano. Ha invertido horas y esfuerzos, ya paso aquel momento en que nadie le prestaba atención. Cuando tenía veinte años entro como aprendiz de Brouc, un viejo analista  reconvertido. Ahora el camino hacia la puerta tiene forma de embudo, expansionándose. Resultaba imposible llegar hasta el final sin pasar por la  angustiosa afección de la metamorfosis. No podrá vivir más que por un doble movimiento de rotación que busque el Angulo. Poco a poco aprenderá a  desplazar a todo el que intente sacarlo de curso hasta llegar a la salida.



Para terminar con su antigua apariencia cuelga en público: patas, pierna y

costillas, intestinos, hígado, paleta. Ha creado un museo para exponerse. Se

regocija de su evolución, los restos se los deja a los carroñeros. Lo interrogan

preguntándole sobre el proceso, el especula articulando una gramática que se

vuelve creíble, suelta dinero, les ve arrastrarse, venderse, aprobarle en todo.

Se está convirtiendo en un mito en medio de las náuseas que se produce a sí

mismo. No va a dar remedios, de momento concentra todo su esfuerzo para

llegar a poseer la    inteligencia y el estilo de Brouc. El dédalo de la ordenación



Cuanto más se enfrentó al cerdo que llevaba dentro más siente el efecto de la

conmoción. Ahora sabe que sabe y no actúa solo por instinto. Surgen ansiedades, delibera razonando entre las matemáticas. No solo cambio

de grado, cambio de naturaleza. Escucha vítores, un desorden en una amalgama  de gritos. Sabrá de quien abusar al sentirlos frágiles y arrodillados. Exigirá favores que no cumplirá pero si cobrara por ellos. Seguros desde su altar se vuelve déspota y soberbio. Es la envidia del resto. El  progreso lo es todo o la vida no es nada suele decir. Solo uno podrá triunfar y consagrarse.



La carrera se vuelve férrea, la multitud al final lo ha elegido. La salida se le abre triunfal y sin restricción, con el objeto multiplica los tanteos.  Ya sabe cómo elevarse ante todos.    En el otro mundo de los sueños descubre  cómo se cometieron los crímenes de engaño. Teniendo todos los caminos sin caminos

el marcha a cualquier lugar  divirtiéndose en su arrancia, un deslizamiento, la no pertenencia. Este listo, especulara entre nuevos instrumentos y nuevas sintaxis. Producirá  otra realidad sin haber vivido ni experimentado nada.

Se postula así, como el más ingente producto de los medios.

El cerdo ha triunfado ante la realidad humana con un nuevo modo de

conocimiento que no existe. Solo sabe hablar de objetos, poses y alumbramiento  que se le ofrecen a través de restos orgánicos.