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Mostrando entradas de octubre 22, 2017

VIAJE DE IDA

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El reloj del salpicadero marcaba las dos en punto de la madrugada. Simón conducía, hipnotizado por la sucesión de las líneas blancas pintadas sobre la calzada. A su lado dormía Ángela, su mujer, con la cabeza apoyada en el cristal y cubierta con una chaquetilla de punto.
   En el asiento trasero, Beatriz, la hermana pequeña de Ángela, se desperezó. Miró de soslayo a su derecha y palpó el tapizado. Al principio de forma sutil; después, nerviosa. Con la voz ronca, de recién despierta, preguntó:
   —¿Dónde está Guillermo?
   —¿Dónde está Guillermo? —repitió Simón con un tono divertido, sin apartar la vista de la carretera—. Sigue durmiendo. Todavía nos queda un largo camino hasta el hotel.
  —Déjate de bromas, ¿por qué no está aquí? —volvió a insistir la joven arrimándose al asiento que ocupaba el conductor.
  —Joder, ¿qué pregunta es esa? —Simón giró la cabeza y una mueca de sorpresa se le dibujó en el rostro. Su cuñado no acompañaba a Beatriz en el asiento trasero.

   Desconcertado, …

DESIRÉE/Lola O. Rubio

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Este fin de semana con amigos aún dejó sus huellas, las despedidas de soltero y sus excesos suelen pasar factura el día después. Despierto con un fuerte dolor de cabeza y borrosos recuerdos.  Me miro en el espejo del cuarto de baño y me sorprendo de mi aspecto: con barba de tres días, y con un hematoma en la sien derecha. No recuerdo nada, a mi lado duerme una mujer de cabellera negra, cubierta sólo por un culotte rojo.
Preparo café, un humeante café negro me reconfortará, o al menos, eso espero. La desconocida sale del cuarto, se acerca y la beso, sin mucho interés. Ni siquiera sé su nombre. Un aroma a lilas la envuelve. La sonrío y me pierdo en sus ojos verdes, en su cutis inmaculado. Es toda una belleza. La llamaré más tarde, ella me deja una tarjeta,  ya vestida y se despide con un ¿Nos volveremos a ver? Sacudo la cabeza con mirada embelesada. ¡Vaya mujer!

Voy sin rumbo. El ir y venir del gentío por las calles me causa malestar. Un mar urbano de gentes en un crisol de razas se entre…

LA JAURÍA/María Magdalena Gabeta

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El hombre era un enigma, un tipo alto y callado. Nadie sabía su origen, apareció una noche, medio muerto, con el cuerpo tajado hasta lo indecible y delirando como un loco. Santiago, el Jefe, en un gesto extraño para sus compinches, les ordenó que intentaran salvarlo. Algo le decía que ese hombre les sería útil.

Lo curaron con hierbas mezcladas con barro y saliva que colocaron sobre sus heridas, apretándolas con sucios vendajes. Cuando la fiebre pasó y las heridas cerraron, le dijeron que debía quedarse con ellos o tendrían que matarlo porque ahora conocía el cubil dónde se refugiaban. Se quedó.

Nadie se interesó en saber el porqué había aparecido en esas condiciones. No les preocupaba; eran hombres rudos, acostumbrados a matar y morir sin cuestionamientos.

- No soy ladrón ni asesino - aclaró. Algo harás, le contestaron y se convirtió en el ecónomo del grupo.

Jamás intervenía en los asaltos. Llegaba después que todo había terminado; el resto de los hombres lo esperaba para entregarle …