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LA ÚLTIMA NOCHEVIEJA/Lola O. Rubio


a 31 diciembre

18.00

Esperó a que todos los compañeros de trabajo se marcharan a sus domicilios, para quedarse solo en el Departamento de Contabilidad, de su jefe en funciones; cuyo nombre prefiero no revelar, por ser un importante funcionario del Ministerio del Interior.

Debía terminar el Balance General del año, 2.017.

Tenía fama de ser eficaz en exceso y escrupuloso en su profesión. Se encargaba de llevar la contabilidad oficial y “la contabilidad B”. Tenía que cuadrar las cuentas, antes de que finalizara el día.




20:00

Recibió llamada desde su domicilio en su despacho, en el contestador, la voz preocupada de su esposa, con la que llevaba casado desde que terminó la carrera de Empresariales. No cogió el teléfono a “la bizca” como el la llamaba en sus reuniones con los amigos de correrías y salidas nocturnas. Ella insistió varias veces en el teléfono móvil, pero lo tenía en silencio. Tenía que concentrarse en lo que estaba haciendo.

20:30 Las llamadas cesaron, cosa que le alegró infinito. Mientras, dormitó breve, los recuerdos guardados en su interior más profundo, pasaron como una película de su vida.

Su mujer, embarazada a los veinte se casaron con precipitación. El quiso que abortara, ella era una persona con fuertes convicciones religiosas se negó, su padre les obligó, que se casaran con premura. Aceptó porque era la hija única de un empresario, que amasó una fortuna. Se convirtió en un amargado pegado a la botella de whisky, en un acceso de cólera le propinó una paliza tal que ella abortó. El “error”, como él lo definía nunca llegó a nacer.

 Sus ansias de dinero fácil, hizo que se aliara con un hombre de negocios que había conocido en una cacería. El otro, era el brazo ejecutor, de extorsiones, muertes en extrañas circunstancias, contrabando de cocaína desde Santo Domingo, trata de mujeres.  (a excepción de él, que trabajaba en la sombra.) No se sentía culpable de nada. ¿El? ¡Si sólo era un contable!

21:00 Dejó todo en orden, la Contabilidad A y B. Desde un ordenador personal, hizo las transferencias fuera del país en millones de euros.  En su cuenta bancaria, ya había varios ceros que desviaba a la asociación de su esposa. ¿Ella? Firmaba todo, no dudaba de él.

Tenía planeado marcharse con la rubia del bar, un bombón de mujer. Espectacular. La llamó por teléfono, para dar instrucciones para el viaje que harían juntos. Un viaje para no regresar, en Enero, todo sería en el año 2.018.



22:30

Tenía veinte mensajes de voz. La pesada de su mujer, cada vez más angustiada. Estaban las familias esperando, tendría que soportar a su suegro siempre presumiendo de su hija. Después del aborto, ya no tuvieron hijos, lo que convirtió a su mujer en una mujer que hacía labores sociales, y era fundadora de una asociación que promovía las adopciones internacionales. Así, él empezó en la sombra a desviar grandes sumas a Suiza.

22.40

Se miró al espejo. La imagen era la de un triunfador. Elegante, guapo, con un traje de Armani, con gemelos de oro y reloj regalo por su décimo aniversario de boda. Jugar al golf y el deporte al aire libre habían bronceado su piel. Sí, era guapo y triunfador. Muchas mujeres de la alta sociedad le miraban con deseo. El tenía a su rubia oxigenada, era lo que le gustaba. Una mujer dócil. Subyugada a él.

El trabajo estaba terminado. Ahora sólo llegar a su domicilio para el brindis de Fin de Año.

Era la única persona que quedaba en el edificio.



Pulsó al botón de subida. Esperó más de quince minutos. ¡El maldito ascensor no llegaba! hasta que por fin llegó. Subió con temor, ¡y si se quedaba encerrado! Son supersticiones tontas, no. Eso no iba a pasarle a él. Lento, el ascensor bajaba. Parecía no tener prisa. ¡Es Nochevieja!

Las paredes se tornaron de un rojo vivo, a rojo anaranjado, empezó a sudar. El miedo lo tenía paralizado. No entendía nada. ¡Bah! Tonterías se dijo para sí, nunca creyó en supercherías. Sería el exceso de trabajo en el último mes. El tener doble vida, en todos los sentidos.

Podía sentir el miedo en los ojos de sus subordinados, ahora era él, que probaba de su propia medicina; estaba sintiendo un ataque de pánico, sudores fríos, palpitación cardiaca, estaba a borde del colapso.



Gritó con todas sus fuerzas, ¡Quiero salir! El espejo le devolvió a un tipo desgreñado, arrugada la chaqueta, desaflojada la corbata.

Tenía mucha sed, el calor iba in crescendo, hasta llegar que tener que desnudarse, para aguantar, mientras… el ascensor bajaba de planta…27



Sintió tal pánico que se orinó en los pantalones. Miró a todos sitios, no fuera un programa tonto de esos de “cámara oculta”. Seguro, tendría que ser eso, el imbécil de García, con sus bromas. Le mataría si lo tuviera delante, mientras…el ascensor bajaba de planta…9



Ahora las paredes ya no centellean de color, ahora están en un color ocre, sin vida, gris monótono…bajando a la planta Sótano.



Cuando se abrieron las puertas. Todo era silencio. Un silencio sepulcral.

23:00


La película de su vida pasó ante él, retrocedió en el tiempo. Era un muchacho de apenas dieciocho años,

la imagen de su madre le decía que tendría que seguir con sus estudios de música, que tocaba el violín como nadie. El tenía madera de artista, como su abuelo, y bisabuelo, grandes músicos que tocaban en la célebre Orquesta Nacional.  En cuanto a amoríos le remarcaba que no se casara hasta estar seguro, porque haría desgraciada a cualquier mujer. Su fama de mujeriego le precedía.

Una lágrima cayó por su mejilla. Su madre, lo tuvo de soltera en una época en que era un pecado en el pequeño pueblo del que procedían. Luchó siempre por su hijo.



En otro flash-back apareció su mujer adolescente, con la mirada huidiza, con algo parecido al miedo diciendo “Estoy embarazada, de dos meses”. El, no quería precipitarse con una boda “de penalti” fue sincero y propuso que tuvieran ese hijo, pero no se casarían hasta que los dos estuvieran seguros. Se conocieron en un concierto en una víspera de Navidad, dónde varios músicos recaudaban fondos para aquellas personas de la farándula que no tenían medios por no haber cotizado a la Seguridad Social.

Tenía magnetismo, era atractivo, de gran simpatía, y con una vitalidad desbordante. Tanto, que antes de un mes ya estaban viviendo juntos, pobres, pero felices. A ella la habían desheredado al estar con él. Poco les importaba el dinero.

Volvió a la cruel realidad, Le asqueó su vida regalada, de lujos, fiestas y amantes.



Le asqueó en lo que se había convertido. ¿Y si se pudiera retroceder en el tiempo?  Las señales, como el ascensor, el calor, la sensación de pesadilla no eran casuales. A su lado estaba un ángel que conseguiría sus alas si él se redimía.

Quería llegar cuanto antes a su casa, y abrazar a los suyos. El año próximo estaba cerca, sitió que lo mejor sería llegar antes de las campanadas de Fin de Año.  y decirle de una vez por todas a su esposa “Te quiero tal y como eres”.




24 Diciembre 2.017
Lola O. Rubio
Madrid - España

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