CASINO/Lola O. Rubio



Carlos salió de madrugada, después de una noche como otras en el Gran Casino. A diferencia esta vez lo había perdido todo: estaba en bancarrota. Vestido con smoking, la pajarita desabrochada mientras esperaba al aparcacoches. Su aspecto inmaculado de hace unas horas ya se ha evaporado. Su mirada mira al infinito, sus ojos miran sin ver. Saca algo de un bolsillo, se lo lleva a sus fosas nasales. Ni eso le anima. Un sudor cadavérico le pasa por su nuca, un escalofrío que presagia muerte. Está muerto. Un muerto en vida, pero es consciente de que es el único culpable. Ya no le importa nada, nada ni nadie después de esta partida. Lo jugó todo a una carta y salió perdedor.

No sabe qué rumbo tomará, si sabrá enfrentarse a su esposa e hijos. Todo su capital al descubierto, todo lo ha perdido en una noche.Piensa en esa mujer que se entregó a él, cuando eran más pobres que las ratas, fue su salvavidas. Ella con su alegría, su empuje para luchar y ganas de vivir logró que el no fuera un fracasado. Su Carmen valía mucho. Era una mujer de carácter. Lo amaba a pesar de sus múltiples infidelidades, con la mujer de turno. Era su naturaleza. No podía evitarlo. Era un auténtico cabrón, - pensó para sí-

El reflejo del retrovisor le decía una y otra vez, “Eres un miserable, un inútil, un don nadie… no dejaban de martillear en una cantinela sin cesar. Unas voces le hablaban y le insultaban. No podía más, le taladraban los oídos en una monótona cantinela. “Inútil, como le decía su padre” ¡Maldito sea, no aguantaba ni un minuto más!

Bebe las últimas gotas de Jack Daniel,s de su petaca de plata. Se dirige a gran velocidad por la autopista y un pensamiento se le cruza en su cabeza. Y si ¿Todo o nada? Sin pensar,  se cambia de carril por el que circulan los coches. En una huida en la que no tiene nada que perder. Los primeros coches le esquivan. Apenas hay nadie en la madrugada, en la noche previa a Navidad.

La música al máximo en el coche, en el equipo de música .Escucha a su grupo favorito “Guns and Roses” pisa el acelerador cada vez más fuerte. Hasta que se encuentra alguien de frente y no puede ni quiere evitar el choque. A vida o muerte.


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Laura, de veinte años está especialmente contenta estos previos  a Navidad, son las primeras vacaciones en mucho tiempo. Podrá visitar a su familia en su pueblo natal. Tiene una buena noticia esta vez. ¡Por fin está embarazada! después de una fecundación in Vitro, ella y su marido están felices. Lo  mira de reojo, el duerme en el asiento de al lado ajeno a todo mientras ella conduce su pequeño utilitario.

Todo se vuelve negro de golpe. El Ferrari Testarrosa arrolla el coche de Laura. Un choque frontal.

 Dos víctimas jóvenes entrelazadas.

Mientras, en el asfalto un hombre bien vestido, desaliñado sólo grita “Llamen a mi abogado”.


Lola O. Rubio
Madrid - España


Relato participante