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MONÓLOGO INTERIOR/Lola O. Rubio




El sol de mis días se apagó por siempre hace años en el mes de abril. Una fecha negra en mi calendario, desde entonces vivo en penumbra. Hoy, se repite la historia, una vez más. ¿Qué he hecho para merecer esto? Fingiste afecto, empatía, amistad.  Te pedí ayuda, tuve la callada por respuesta. Me siento abandonada, sola, apátrida.

Ha pasado el tiempo, unos meses. Lo intenté de todas las maneras posibles, es inútil. Es cómo hablar con la pared. Me duele tu desidia, tu  desprecio, tu silencio. ¿Ya no me necesitas? Lástima que así funcionen en éste mundo personas cómo tú, que enmascaradas en su fé cristiana viven en un mundo desfasado, ancladas,  en un tiempo que ya no regresará.  No entiendes, no quieres entender que nadie es indispensable,  ya no formas parte de mi vida. Me sobran personajes como tú.

Aposté todo a ganador, y los dados estaban trucados, me siento engañada, vencida. En el ocaso de mis días la parca viene a visitarme.

Mis labios están sellados. No escucharás nunca mi voz, ya no.


Lola O. Rubio

MADRID

Comentarios

  1. Un monólogo interior de verdadera altura; intimista, sutil y trágico por momentos. Una reflexión sobre el desamor, la falta de empatía y el tropiezo con personas equivocadas. Aunque también es verdad que en el amor hay que apostar hasta el último gramo del alma, salga mal o salga bien. El corazón no entiende de precauciones.
    Por cierto, una fotografía la elegida para ilustrar tu texto maravillosa. Un abrazo Lola y felicidades por tu escrito.

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  2. Es como una despedida de amor y entendimiento con otra persona en el que por algún motivo no se entienden y un desfase en uno de ellos y que no se hablaran más texto muy bueno de donde puedes entender cómo se acaba una relación muy ilustrativo para aprender de errores y poder enmendarlos
    Me sirve para otras relaciones y sus desamores y desencuentros

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  3. Un abrazo y felicidades
    Por este monólogo bsss

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  4. El formato "micro" exige comprimirlo todo. En la narración hay que centrarse en lo esencial y buscar en el final impactante la fuerza del relato. Cuando se trata de emociones éstas deben salir en una hemorragia a chorro, en lugar del goteo habitual. Los textos cortos requieren una especial concentración del autor, podando todo lo que no sea esencial y apoyándose en la fuerza de las emociones o de los hechos para que el texto no quede vacío y sin fuerza. En el caso del monólogo sobra todo aquello que sea accesorio a la emoción o el pensamiento esencial. El estilo debe ser sencillo, concreto, sin buscar demasiado la belleza estética, porque no hay tiempo ni extensión para ello. En este sentido el monólogo de Lola consigue lo que pretende porque la sinceridad prima sobre lo demás y porque la emoción no está adjetivada de ramas secundarias. Los personajes de los relatos largos se esconden en los textos cortos, porque no hay tiempo para describirlos, para hablar de su pasado, para los detalles. No es de extrañar que sepamos tan poco del personaje de este texto, tampoco lo necesitamos, simplemente la emoción expresada es válida y eso también es una buena narración. No solo se narran hechos, cualquier emoción o pensamiento es susceptible de una narración, que no es otra cosa que el discurrir, plácido o atormentado, del agua de la vida. Un abrazo.

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