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LA MODELO/Lola O. Rubio









Ella se quitó despacio el vestido, turbada. Era la primera vez que se desnudaba físicamente ante un hombre, aunque llevaban un tiempo siendo amigos. Se despojó con timidez y delicadeza de su ropa para posar en la sesión fotográfica (que él más tarde pensaba convertirla en una pintura de grandes dimensiones)

Era un cuadro que te hipnotizaba por la gran belleza que la mujer mostrada. Así ante todos, aunque era un desnudo de espaldas, se advertían las líneas del pincel, la delicadeza de los cabellos como hebras de oro ante la luz difusa de la ventana.

Él, la ayudó a salir del coche y brotó de sus labios la famosa canción de Serrat “…La mujer que yo quiero, no necesita deshojar cada noche una margarita. La mujer que yo quiero, es fruta jugosa…”

El día de la inauguración de la exposición, se produjo un gran alboroto cuando los curiosos se arremolinaron para ver a la modelo que avanzaba con pasos felinos, suaves, invisibles, con una huidiza mirada, tímida. Sin articular palabra, con una leve sonrisa seducía a aquel que se dejaba embelesar por su embrujo. Caminaba como una diosa convertida en mujer, sus cabellos alborotados por el viento y sus ojos verdes taladraban a todo aquel que se atrevía a sostener su mirada.

Los curiosos no podían apartar la visión de su espalda desnuda bajo el profundo escote del vestido. Ninguno de ellos pudo describir su rostro, hipnotizados por el misterio que el pintor había sabido plasmar en el cuadro.


LOLA O. RUBIO

Madrid - España

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